viernes, 21 de noviembre de 2008

Linux o Windows




Recientemente adquirí un pequeño ordenador (lo que llaman un netbook: un portátil con pantalla de 9 pulgadas, es decir, del tamaño de un libro mediano). Quería un dispositivo sencillo, con lo básico para trabajar, hacer alguna presentación, conectarme a internet, etc. Escogí un Acer Aspire One, con sistema operativo Linux. Ni que decir tiene que el aparato funciona perfectamente: nada más sacarlo de la caja, en un minuto estaba conectado a internet y respondiendo correos, sin ningún problema. El sistema operativo está preparado especialmente para el dispositivo y pensado para utilizarlo sin tener grandes conocimientos informáticos.

Pero... curiosamente hay algunas cosas que no hace. Por ejemplo, reproducir vídeos en formato dvix. Otro día os hablaré de formatos, pero para quien no lo conozca -si es que hay alguien que no conoce dicho formato- os diré que es el más popular entre los vídeos disponibles en internet. Pues bien, no ha habido manera de descubrir cómo puede reproducir vídeos este cacharrito. Todo lo demás funciona a la perfección, rápido y sin ninguna pega, pero... no puedo utilizarlo, por ejemplo, para reproducir documentales en una clase. A menos que disponga de los archivos de vídeo en otros formatos, claro.

Para intentar resolver este problema busqué en algunos foros de internet, donde los usuarios avanzados explicaban cómo se puede poner remedio a esa carencia. Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando en sus instrucciones explicaban que prácticamente hay que saber programación para arreglar este tema... bueno, en resumen, que no lo he conseguido.
Esta reflexión va por el asunto de escoger Linux o Windows para nuestros ordenadores. En la escuela no tenemos problemas... otro habrá hecho ya la elección por nosotros. A veces, de hecho es la propia administración educativa. De hecho, son bien conocidas las distribuciones basadas en Linux que se utilizan en Extremadura (Linex), Andalúcía (Guadalinex), Cataluña (Lliurex)... todas ellas son sistemas operativos muy completos, estables, fáciles de utilizar y, lo que es más interesante, gratuitos.

Pero pensemos en nosotros, en nuestros ordenadores personales. Está claro que más o menos todos estamos muy habituados a Windows, por lo cual lo más normal es que tengamos este sistema operativo instalado en nuestras máquinas. Bien, pues no sé vosotros, pero yo estoy muy sorprendido con lo que está pasando con la última versión, Vista. Es increíble que para que funcione bien haya que tener poco menos que un superordenador. Desde luego no es mi caso. Y la alternativa resulta curiosa: volver a XP. Vale, no hay problema, no me importaría... pero resulta que mi ordenador tiene, por ejemplo, una tarjeta de sonido que no funciona con XP, porque es más moderna que este sistema operativo y, por tanto, éste ni la conoce ni la reconoce.
Resumiendo... esta es la situación:
  1. Si escogemos Linux, no gastaremos ni un duro en el software (ya que incluye no sólo el sistema operativo, sino cientos de programas gratuitos que cubren las necesidades normales de cualquier usuario). Pero tendremos algún problema de configuración y, lo que es peor, si no somos expertos informáticos, lo llevamos claro para solucionarlo.
  2. Si escogemos Windows Vista, más vale que preparemos la billetera para pagar un buen ordenador y luego los programas correspondientes (por ejemplo, Office). Todo funcionará más o menos bien y de forma muy sencilla, aunque siempre nos exigirá mucha memoria y mucha potencia de proceso.
  3. Si queremos volver a XP... bueno, también hay que preparar la cartera para el software y, además, estar dispuesto a que algunas partes del ordenador no funcionen del todo bien. Aunque claro, puede que tengamos suerte y todo vaya correctamente.

En fin, estas son las alternativas. ¿Qué preferís?.... Bueno, en realidad hay una cuarta alternativa, la de los Mac. Pero ahí ya estamos hablando de una cifra con tres ceros. Y esto, en euros, es un poco molesto.

No hay comentarios: